Diez madres, 10 valores

La entrada que reproduzco a continuación es una iniciativa promovida por Ana, del blog Mamá de alta demanda, quien tuvo la brillante idea de aprovechar las fiestas navideñas para fomentar los valores familiares. Gracias Ana y gracias a las otras 8 mujeres que pellizcaron un poco de su tiempo para participar.

“Estas mujeres me movieron el corazón. Me han hecho recordar enseñanzas básicas que tenía en el desván de la memoria: Gratitud, generosidad, paciencia, respeto, tolerancia…

En un México convulsionado y herido por la violencia, qué tanta falta hacen los valores: deberían ser mandamientos en el seno de la familia: “Gracias”, “perdón”, “te respeto”, “te quiero”; sin duda promuevan la convivencia social y son una permanente defensa al desorden exaltado por el materialismo, el dinero y el poder. Yo celebro a las mamás que han decidido reflexionar y recordarnos que hay formas de ser más humanas y amables, espero de corazón que todos las pongamos en práctica en nuestra vida. Que así sea.”

H. Tapia. Periodista y Padre.

Ellas: madres, blogueras, esposas y líderes de opinión del 2.0, se unen para expresar el significado personal de un valor. Disfrutemos pues y compartamos a las demás madres de habla hispana este cálido texto, sobre todo en estas fechas donde la humanidad se une en un abrazo fraterno, pues todos somos uno.

AMOR

“El Amor es la fuerza universal que nos une, que abarca todo y tenerlo este valor como base de nuestra familia es esencial. Los niños imitan mucho lo que hacen los padres y lo que ven alrededor, así que al demostrar amor entre nosotros ellos aprenden un montón. Durante las Navidades hay muchos más momentos para compartir; nosotros hacemos regalos hechos a mano con nuestros niños para la familia, es algo que ellos disfrutan mucho y les creará memorias llenas de amor”.

Nombre: Dariela

Mamá de: Adrian 5 años y Maya 22 meses

Blog: MamiTalks.com

Twitter: @darielacruz

COMPARTIR 

“Es prestar algo tuyo y dejar que el otro lo use sin importar que sea algo nuevo, usado o algo muy importante para ti. Es jugar o usar las cosas de alguien más, cuidándolas y sabiendo que después de un rato las tendrás que regresar a su dueño o regresaran a ti sí tú las prestaste. Compartir es regalar un rato de tu día para jugar con alguien; para cocinar para alguien, para disfrutar con alguien. Es dejar que alguien más: hermano, amigo, familia use algo tuyo para divertirse, cubrirse o quitarse el hambre y la sed”. 

Nombre: Susana

Mamá de: Miranda de 5 años y Mateo de 3 años y 4 meses

Blog: http://www.mamamoderna.com

Twitter: @mama_moderna

GENEROSIDAD 

“Crecí con una mujer que hacia cazuelas enormes de comida por si alguien inesperado llegaba a comer, tuvo 10 hijos y algunos llevaron a sus hijos a que nos criara, cuando ella rezaba todas las noches me quedaba admirada de cómo se acordaba de todos en sus oraciones. Mi abuelita me enseño que la vida es una oportunidad de dar a los demás, de abrir el corazón para ayudar a quien se acerca a nosotros. La generosidad no tiene precio, ser generoso no nos hace ni más ricos o pobres en lo material pero en lo espiritual nos enriquece al máximo. 

Nombre: Desirée

Mamá de: Priscy 12, Pame 10, Juan Pablo 10 meses

Blog: http://inspirationbleue.blogspot.com/

http://scrapenlasmontanias.blogspot.com/

http://prolacmat.blogspot.com/

Twitter: @DesyMty

GRATITUD 

“Cuando era pequeña mi padre me hablaba de dos palabras mágicas que como llaves siempre nos abrirían las puertas donde fuéramos: “Gracias” y “Por Favor”; hoy en mi adultez y como madre no hay día que no las trabaje con mis hijos. Agradecer la bondad de Dios por la salud y las cosas que tenemos, por tener una escuela donde estudiar, por tener un papá que trabaja y una familia que los ama. Enseñar este valor que nutre el alma y el espíritu, ya que si un exceso es recomendable en este mundo en el exceso de gratitud (Jean de la Bruyere).” 

Nombre: Any

Mamá de: Héctor de 4 años y 8 meses y Ana Carolina de 22 meses

Blog: http://mamadealtademanda.blogspot.com/

Twitter: @mamaaltademanda

HONESTIDAD 

“La verdadera honestidad empieza con uno mismo. Consiste en darle espacio y tiempo a esa vocecita que todos tenemos dentro y que constantemente nos habla. El problema es que estamos acostumbrados a no escucharla. Pero si nos sentamos con ella, en silencio, y nos abrimos a lo que tiene que decirnos, ocurren cosas mágicas. Al principio puede que no nos guste demasiado su mensaje. Puede que duela, y mucho. Pero hay que confiar: ella sabe a dónde nos lleva. Y sólo siguiéndola podremos ser totalmente honestos con los demás”. 

Nombre: Vivian Watson

Mamá de: Tobías de 2 años y 10 meses

Blog: http://www.naceunamama.com

Twitter: @naceunamama

PACIENCIA 

“Según la definición es la facultad para saber esperar cuando algo se desea mucho. Una cualidad que cada día se practica menos, la tecnología nos ha hecho poco pacientes antes se tenia que esperar para casi cualquier cosa, ahora vivimos en un mundo donde el inmediatismo es parte de nuestro día a día, por eso es muy importante enseñar a las nueva generaciones a ser pacientes y como padres practicarla como ejemplo”.

Nombre Esposa Perfecta (pseudónimo)

Mamá de nena de 2 años

Blog: http://www.esposaperfecta.com

Twitter @esposaperfecta

PERSEVERANCIA 

“Creo que uno de los primeros valores que debemos enseñar a nuestros hijos, es el de la Perseverancia. No es fácil, a veces es complicado demostrarla con ejemplos, pero creo que si nuestros hijos nos ven esforzarnos día a día, eso se hereda espontáneamente. La Perseverancia es un aprendizaje diario, que camina a la par de la paciencia. Una conquista, por más pequeña que sea, a base de la Perseverancia brinda confianza a niños y adultos”.

Nombre: Viviana

Mamá de: Sofia Milagros 6 años y 7 meses y Maia Guadalupe de 14 meses

Blog: http://www.soymamablog.com

Twitter: @soy_mama y @mamaybebes

RESPETO 

“El respeto no se impone, se transmite, nuestros pequeños necesitan vivir en el respeto para aprender a prodigarlo, aunque sean muy pequeñitos e inocentes nuestros niños son personas que merecen en el trato y en el habla que los tratemos con dignidad, y es un hermoso regalo para su carácter en un futuro”. 

Nombre: Lety

Mamá de: Frida de 9años y Angela de 3años

Blog: http://www.criandocreando.com

Twitter:@criandocreando

RESPONSABILIDAD

“Desde pequeños es muy común escuchar el que se nos mencione está palabra; en primer caso señalada por nuestros padres, después de los maestros, la sociedad, nuestros jefes etc. Pero realmente la semilla de esté valor queda sembrada en casa y se hace mediante el ejemplo en casa, podremos como padres señalar mil acciones, pero absolutamente todas pierden importancia si nosotros no las llevamos a cabo”. 

Nombre: Lulú Prado

Mamá de: Daniel de 7 años y Diego de 4 años

Blog: http://simplemente-mama.blogspot.com/

Twitter: @keritah y @simplementemama

TOLERANCIA 

“Ya lo decía Helen Keller: «El mejor resultado de la educación es la tolerancia». Aceptar a los demás sin importar sus pensamientos o creencias es la mejor forma de evitar la violencia y, por tanto, es uno de esos valores al alza que debemos inculcar a nuestros hijos desde muy temprana edad. Tolerar ideologías ajenas a las nuestras nos permite entender el verdadero significado del respeto y de la paz”. 

Nombre: Azucena

Mamá de: Montserrat de 3 años.

Blog: aprendizdemadre.wordpress.com

Twitter: @aprendizdemadre

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Un diciembre para recordar

Diciembre suele ser un mes para dar, recibir y recordar. Y son esos recuerdos los que hacen que una familia permanezca unida aún cuando ya no estén todos juntos. Mi hija, de 3 años, solo pasó dos navidades con su abuelo materno, pero lo recuerda casi a diario.

Estos días, en medio de la fiebre navideña que padece desde el pasado mes, le dedica mucho tiempo a su abu Toto. Le ha puesto una bota para que Santa le deje un regalo, le ha dibujado una flor de Navidad y suele dejar un caramelo junto a su foto.

Esos gestos que nacen de su absoluta inocencia me hacen valorar lo importante que es mantener viva la presencia de la gente que amamos. Y el corto «Semilla del recuerdo», de Renato Roldan, me ha hecho remembrar algo que todos sabemos: «lo que nunca se olvida vive para siempre».

Disfrútenlo:

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Conciliar, un verbo imposible

La actualidad del país está marcada por dos temas fundamentales: la crisis económica y el panorama política, aspectos que, dicho sea de paso, van de la mano. El debate entre los candidatos presidenciales no dio mucho de sí puesto que no ofreció datos nuevos que pudieran influir de una u otra forma en el voto ciudadano. Si bien es cierto que la balanza parece inclinarse hacia Mariano Rajoy, no podemos olvidar que lo obvio causa ceguera.El nombre del ganador lo sabremos presuntamente la noche del 20-N y, mientras tanto, seguiremos analizando con lupa las propuestas que puedan favorecer ese cambio del que muchos fardan pero que nunca llega.

Como mujer, madre y trabajadora, la conciliación es uno de los temas que más me preocupan.  La flexibilidad de los horarios resulta fundamental para sacar adelante esa institución que para muchos empieza a caducar:la familia. La naturaleza  de mi profesión me impide pretender un horario «normal», puesto que el periodismo tiene su propio ritmo y sus propios tiempos, pero eso no impide que considere necesario reformar lo que haga falta para que hombres y mujeres puedan dedicarse por igual a los hijos.

¿Por qué debemos ser siempre nosotras las que pidamos un permiso para ir a una reunión del cole o para llevar a los niños al pediatra? Vale que parir sea cosas de mujeres pero la crianza, la formación y la educación de los hijos involucra necesariamente a la pareja.

Para que eso sea posible  es necesario modificar los horarios y en eso parecen estar de acuerdo tanto Rajoy como Rubalcaba. Sin embargo, echo en falta propuestas claras y determinantes.   Me parece positivo que el candidato del PP exalte el doble esfuerzo que hacen sus colaboradoras «que llevan su casa» y que compaginan la vida familiar con la laboral, pero halagar no es suficiente, hay que tomar decisiones y plantear propuestas.

«Garantizar la escolarización a los niños de 0 a 3 años» como propone Rubalcaba no es conciliar. Como tampoco lo es asegurar que los colegios permanezcan abiertos hasta las 8 de la tarde.  Los políticos no entienden que la conciliación no consiste en buscar quien cuide a los niños en sustitución de los pares, se trata simplemente de compaginar las actividades laborales y las familiares sin que los hijos se vean afectados por las constantes ausencias de papá y mamá.

Aunque existen otras prioridades en el país como la creación de empleos, espero que la conciliación sea una de las políticas sociales que protagonicen la hoja de ruta del próximo Gobierno, sea del partido que sea.

* La ilustración pertenece al movimiento Conciliación Real Ya, creado por un grupo de padres y madres cuyo grupo en Facebook ya suma más de 1.000 seguidores.

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Una nueva maternidad

Rosa Jové* es madre, psicóloga, psicopediatra, experta en antropología de la crianza y escritora. Es autora, entre otros textos de psicología infantil, del libro Dormir sin lágrimas. Y entre sus múltiples ocupaciones se ha dado tiempo de escribir el prólogo de un libro de mujeres que reflexionan sobre crianza con apego. Estas son algunas de las valoraciones que Jové ha hecho sobre Una nueva maternidad  (Editorial OB STARE, 2011) que ya está a la venta.

- «En muchas de sus páginas, algunas nos veremos reflejadas, y nuestros ojos se humedecerán conforme avance la lectura. Otras, menos afortunadas, no sentirán tanta emoción pero seguro que tendrán material para reflexionar. Ante estas páginas, la neutralidad no existe».

- «Son historias de quince hadas de la maternidad que, entre pañales y pucheros, entre trabajos varios y noches sin dormir, invocaron al duende de sus sentimientos, que se hizo visible en forma de letras y espacios».

- «Cada una escribe lo que siente, lo que quiere escribir y a quien quiere escribir. Hay textos más intimistas y poéticos, textos más reivindicativos y prosaicos, pero todos destilando magia».

- «Si este libro fuera como una bolsita de té, haría una deliciosa infusión de amor».

(*) Rosa Jové (Lleida, 1961) es licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, está especializada en psicología clínica infantil y juvenil y en psicopediatría. Es además licenciada en Historia y Geografía con especialización en antropología de la crianza. Es la responsable del gabinete de psicología del Centro Médico CMS en Lleida, con consultas en Barcelona y Madrid. Autora de diversas publicaciones sobre psicología infantil, entre ellas el libro Dormir sin lágrimas.

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Lecciones de sexo, primera parte

Todo empezó con un:

- Mamá, yo quiero un petilín.

Como la frase no me sugirió nada ignoré el comentario de la peque y seguí tecleando en el móvil mientras ella permanecía sentada en el orinal.

- Mamá, mamá, mamá… quiero un petilín.

Ante la insistencia dejé el teléfono y empezó el interrogatorio.

- ¿Un petit suisse?

- No mamá, un PE-TI-LÍN?

- A ver peque, ¿qué es un petilín?

- Es un palito con un puntito que tienen mis amigos del cole. Como Yago y Roberto.

Yo aún no caía en la cuenta de lo que la niña me estaba pidiendo.

- ¿Es un juguete?

La peque se ríe estrepitosamente y luego contesta:

- No mamá, no es un juguete, lo tienen Yago y Roberto en su vagina.

- Pero hija, Roberto y Yago no tienen vagina.

- Claro que sí mamá, solo que su vagina tiene un palito con un puntito que se llama petilín. Lo he visto cuando hacemos pis en el cole y María me ha dicho que se llama petilín.

Entonces la frase cobró sentido y las preguntas desfilaron por mi cabeza una a una en solo dos segundos: ¿Envidia del pene? ¿Tan pronto? ¿Mi niña? ¿Pensará que está castrada? ¿Sabrá lo que significa castrar? ¿Le cuento? ¿Qué le digo? Madre mía (suspiro largo).

De poco me sirvió en ese momento el diplomado en sexualidad humana que hice hace algunos años ni las teorías freudianas que aprendí al dedillo. Soy firme defensora de la educación sexual a temprana edad y no suelo usar apodos para referirme a los genitales delante de la peque, por lo que a la vagina le llama vagina desde que tenía un año. Pero el tema del pene aún no había venido a cuento.

En fin, que me vi frente a la pequeña inquisidora que, mientras yo cavilaba a mil por hora, seguía exigiendo un petilín. Se me quedó mirando fijamente y tomó mis manos entre las suyas como hace casi siempre que aborda un tema serio:

- Mamá, yo quiero un petilín.

Entendí de inmediato que Freud no podría sacarme del apuro.

- Lo siento peque, tú no puedes tener un petilín porque ya tienes vagina. Los chicos tienen petilín, que en realidad se llama pene, y las chicas tenemos vagina. ¿Comprendes?

- No, yo quiero uno.

- Ya, pero no puedes tenerlo porque eres una niña, no un niño.

- Yo quiero uno mami, por favor.

- Verás peque, hombres y mujeres somos diferentes. No puedes tener vagina y petilín. Seguro que Yago y Roberto no tienen vagina, solo pene.

- Pero mami, yo solo quiero un petilín.

- Vale Montse, luego te compro uno.

Y así terminó nuestra primera lección de sexualidad humana.

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La vida es un carnaval (II)

El año pasado, por estas fechas, se me ocurrió hacer una trivia para que los amigos del fb y seguidores del blog me ayudarán a escoger el disfraz de Montse. La mayoría se inclinó por el de Blancanieves y ella estaba feliz. Este año, con 34 meses cumplidos, la peque ya es toda una experta en la toma de decisiones, así que supuse que estaba lista para escoger su propio disfraz. Al principio dudo un poco, me dijo que quería vestirse de Woody (Toy Story) y me pareció una idea genial. Después cambio de opinión y pidió un disfraz de dinosaurio, así que se me ocurrió que podríamos hacerlo juntas. Luego decidió que el que más le gustaba era el de la Bella Durmiente y allá vamos, a la tienda, para buscar alguno que se le pareciera (porque mi nivel de manualidades no es suficiente para diseñar un vestido de princesa).

Mientras buscábamos entre los montones de disfraces intenté convencerla para que desistiera de vestirse de princesa, simplemente para variar. De repente sus ojos se posaron en un vestido rosa brillante y lo señaló diciendo: «Es este mami, mira, lo encontré, es este, este es el disfraz de princesa que quiero».

El aprendiz de padre y yo nos miramos aterrados e intentamos distraerla con un disfraz de payasito que teníamos en frente. Pero ella ni caso, tenía el faldón del vestido apretado entre las manos. Cuando vi el brillo de sus ojos me di cuenta de que el disfraz rosa-algodón de azúcar se iría con nosotros, sí o sí.

Me costó hacerme a la idea porque si bien el vestido es bonito, es el color lo que no me convence. Y es que el rosa me gusta, pero no en exceso. En fin, la peque está encantada y al final eso es lo que importa.

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La mamá quejica

Para que nos vamos a engañar, ser madre no siempre es fácil. Hay días malos, días buenos, días perfectos y días terribles. Muchas veces sientes que podrías perder la paciencia con suma facilidad, pero luego te das cuenta de que no vale la pena. Porque con los niños hay que ser muy tolerantes. Ellos no saben -ni entienden- si tu día laboral fue horrible, si estás con el síndrome pre menstrual o si te sientes tan cansada que dormirías dos días seguidos si pudieras permitírtelo. Esos pequeñajos solo saben una cosa: tú eres su madre. Para ellos eso es lo más importante, saber que estás ahí  para alimentarlos, para darles un abrazo, para cuidarlos. Para ellos lo demás, es lo de menos.

Algunas veces me he sorprendido gritando como loca: «¡Swiper no robes, Swiper no robes!» mientras veo con mi hija un episodio de Dora, la exploradora y pienso en las miles de cosas que tengo que hacer. Y quisiera escapar de Montse, de Dora, de Swiper y del estúpido mono con botas que ni siquiera me simpatiza, para ponerme a escribir, hacer la colada, leer un poco, darme un baño largo, salir a tomar un café, llamar a mis amigos, escuchar una canción, abrazar al aprendiz de padre, aprender a tocar la guitarra, asistir a un taller de poesía, comprar unos zapatos nuevos, ir al centro comercial a probar todos los perfumes, bailar a solas o estar diez minutos en silencio. Todos necesitamos algún tiempo a solas de vez en cuando. Y claro, no siempre podemos darnos ese lujo. O al menos no podemos hacerlo sin sacrificar un poco de tiempo con los hijos, que también resulta difícil sobre todo cuando pasas gran parte del día trabajando. Así te estés muriendo de sueño es difícil ignorar a niña que se te aparece con las medias de sombrero para pedirte que juegues con ella.

Para cualquier madre es complicado robarle 60 minutos al tiempo para poder disfrutar. La mayoría de las mamás tuiteras vamos dando tumbos por la vida con el peque colgando de una mano y el móvil en otra, porque es la única forma de poder conectarnos un rato, informarnos e intercambiar ideas (y quejas) con otras mamis. Pero el time out, el de verdad, ese en el que podrías olvidarte del mundo, realmente es escaso. Hay que buscarlo a horas intempestivas como los sábados por la madrugada. Al menos es lo que hago yo. Mientras Montse duerme intento leer o conversar con mis amigas vía chat. Me doy un respiro para repasar la agenda, planificar la semana siguiente y ver una peli junto a mi amorcito. Comos cuando éramos novios, cogidos de la mando sin que una pequeña intrusa se meta de por medio a robarme los achuchones.

Pero como les decía al principio de este post: hay días buenos, días malos. Días con suerte en los que las horas te rinden tanto que no te lo puedes creer y te sientes afortunada. Como en este justo momento en que puedo actualizar el blog con total calma porque mi hija ha decidido leer un cuento a solas. Y entonces pienso que tal vez me quejo demasiado, que siempre hay tiempo para todo si sabemos aprovechar los instantes. Y que finalmente lo más valioso es estar ahí para los hijos, porque la vida es breve y todo lo que hagamos por ellos y para ellos será parte de su historia personal, de sus recuerdos, de aquello que marcará su vida. No quiero que Montse recuerde a una madre ausente y quejumbrosa, simplemente quiero que sepa que yo también existo para mi, pero que eso no significa que no esté siempre para ella.

Mientras termino esta reflexión escucho a la peque cantando: «Con solo cuatro añitos, crezco muy despacito ♪♫♫». Y luego una vocecita emocionada que me grita: «Mamá veeeeeeeen, que ya empezó Caillou». Oh cielos, ¡que me lo pierdo!

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