Archive for octubre, 2009

El sueño del bebé

bebeMontserrat nació a las 2.20 de la madrugada de un lluvioso viernes de abril. Cerca de las 5 una enfermera se la llevó de mi lado y me dijo: «Anda mamá, duerme un poco que lo necesitarás». Cuatro horas después, en las que caí en un sueño profundo y delicioso, la niña regresó a mi lado. Durante los tres días que permanecí ingresada en el hospital, la niña dormía y dormía y solo el hambre podía despertarla. Pero fue llegar a casa y el hechizo terminó. Empezaron entonces las largas noches de insomnio. Montse dormía mucho por el día y permanecía despierta hasta las tantas.

Desesperados y angustiados, el aprendiz de padre y yo empezamos a buscar la ayuda de los expertos. Fue así que conocí a Eduard Estivill y Carlos González. Dos especialistas que han escrito sendos manuales sobre como ayudar a dormir a los niños. Tras pensarlo mucho me decanté por el segundo, porque entendí que mi objetivo era enfilar nuestro camino familiar hacia la crianza con amor, sacrificando así mis noches de sueño.

He sido duramente criticada por esta decisión, pero no me arrepiento. Pese a que en mis ojos aún se conserva la huella de mis desvelos, Montse ha regularizado poco a poco sus horarios de descanso, lo que mi esposo y yo agradecemos profundamente.

No me arrepiento de haber atendido a la niña cada vez que lloraba. Ni me arrepiento de haber pasado las noches en vela, a su lado, cogiendo sus manos o cantándole una nana. Hoy que todo eso quedó atrás me siento satisfecha y feliz.

Es positivo que los padres tengan a su disposición una larga lista de manuales sobre el sueño infantil para hacer frente al problema. Cada uno es libre de aplicar el método que más le convenga, lo importante es tener claro que el niño, y su bienestar, debe ser una prioridad en el seno de cualquier familia.

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La cajita de las hadas

hadas

No sé si mi hija cree o no en las hadas, pero le encantan. Como buena fan de Playhouse Disney, le gusta disfrutar los cortos de Campanilla y sus amigas. Aprovechando esa fascinación por los mágicos y alados seres, estoy aplicando una estrategia que me sugirió una amiga, hace ya varios meses, para motivar a Montse a que deje poco a poco el chupete.

Se trata de decorar una cajita reciclada con motivos alegres y bautizarla como «la caja de las hadas». La idea es convencer a los niños para que guarden el chupete en esa caja porque, de este modo, las hadas se lo llevarán a su mundo mágico para cuidarlo hasta que llegue la hora de dormir. En cuanto el peque deje el chupón, uno de los padres o abuelos deberá cogerlo de la caja sin que el niño se de cuenta para guardalo en otro sitio.

Cuando el peque se acerque a la cajita para buscar su preciado tesoro y no lo encuentre, tu podrás exculparte diciendo que lo tienen las hadas y que no puedes hacer nada para recuperarlo, hasta la hora pactada. Esta estrategia le ha funcionado muy bien a varias seguidoras del blog. Pero es muy importante que no olvides volver a colocar el chupete en la caja por la noche para que el niño no se sienta traicionado. De esta forma, irá prescindiendo del chupete poco a poco.

Montse lo pide cada vez menos. Su maestra me cuenta que en el cole no lo pide para nada. En casa le gusta tenerlo en la boca cuando ve la televisión y, por supuesto, cuando se dispone a dormir. Durante mi embarazo tenía claro que no quería que mi hija usara chupón. Pero en su primera semana de vida, la nena empezó a llevarse los deditos a la boca y, tras consultarlo con la matrona, me dijo: «Piensa que el chupete se lo puedes quitar tarde o temprano, pero los dedos los tendrá cerca toda la vida». Fue entonces cuando cambié de opinión.

En estos días le estoy contando sobre las hadas y ella me escucha con atención. Este viernes la caja estará lista para que ella guarde voluntariamente el chupete que, use o no, le gusta llevar a todas partes.

Sugerencia para primerizas: Dejando a un lado la eterna polémica sobre si es o no recomendable el uso del chupete, a las madres que opten por usarlo les sugiero que tengan siempre uno de respuesto a la mano. Y es que no han sido pocas las noches que tuve que darle la vuelta a la casa para buscar un chupón extraviado mientras la pequeña lloraba desconsoladamente en su cuna. Más vale prevenir.

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