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La vida es un carnaval (II)

El año pasado, por estas fechas, se me ocurrió hacer una trivia para que los amigos del fb y seguidores del blog me ayudarán a escoger el disfraz de Montse. La mayoría se inclinó por el de Blancanieves y ella estaba feliz. Este año, con 34 meses cumplidos, la peque ya es toda una experta en la toma de decisiones, así que supuse que estaba lista para escoger su propio disfraz. Al principio dudo un poco, me dijo que quería vestirse de Woody (Toy Story) y me pareció una idea genial. Después cambio de opinión y pidió un disfraz de dinosaurio, así que se me ocurrió que podríamos hacerlo juntas. Luego decidió que el que más le gustaba era el de la Bella Durmiente y allá vamos, a la tienda, para buscar alguno que se le pareciera (porque mi nivel de manualidades no es suficiente para diseñar un vestido de princesa).

Mientras buscábamos entre los montones de disfraces intenté convencerla para que desistiera de vestirse de princesa, simplemente para variar. De repente sus ojos se posaron en un vestido rosa brillante y lo señaló diciendo: «Es este mami, mira, lo encontré, es este, este es el disfraz de princesa que quiero».

El aprendiz de padre y yo nos miramos aterrados e intentamos distraerla con un disfraz de payasito que teníamos en frente. Pero ella ni caso, tenía el faldón del vestido apretado entre las manos. Cuando vi el brillo de sus ojos me di cuenta de que el disfraz rosa-algodón de azúcar se iría con nosotros, sí o sí.

Me costó hacerme a la idea porque si bien el vestido es bonito, es el color lo que no me convence. Y es que el rosa me gusta, pero no en exceso. En fin, la peque está encantada y al final eso es lo que importa.

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La magia del 6 de enero

Todo salió perfecto, tal como estaba planeado. El día de Reyes es el más significativo de las fiestas navideñas. Montse lo tiene claro, porque el año pasado (con un añito cumplido) lo disfrutó en grande. Y con una experiencia tan grata guardada en su memoria selectiva era lógico que esperara el día con tanta ansiedad. En nuestra casa, como en muchísimos otros hogares, la víspera de Reyes fue una locura. La nena no podía conciliar el sueño por los nervios. Algunas horas antes intentó convencerme de que dejáramos leche en vez de agua en el cubo de los animales, porque, según su reflexión: «¿Cómo van a mojar las galletas en agua, mamá? Seguro que no les gusta».

Al final pusimos agua. Y a los Reyes leche y galletas. Dejamos la ventana medio abierta y nos fuimos a la cama… a conversar. Tardó mucho en dormirse. Estuvimos abrazadas hasta las cinco de la madrugada mientras el padre dormía como un bebé. Ella alumbraba la ventana de la habitación con su linterna, atenta a cualquier movimiento extraño. Y con el temporal de viento que hubo anoche, normal que escuchara ruidos cada dos minutos. «Ssshhttt calla mamá, ¿los oyes? Creo que ya están aquí… han llegado mamá!!! Anda, vamos al salón». Yo me mantuve despierta más por solidaridad que por falta de sueño. Finalmente se durmió minutos antes de las cinco, con la linterna en la mano y una sonrisa en la cara.

 Y claro, al otro día la pobre estaba rendida, por más que su emocionado padre intentó despertarla no hubo forma. Así que en casa abrimos los regalos hasta pasadas las dos de la tarde, cuando la peque abrió los ojos de golpe gritando: «Han venido, llegaron ya??? Vamos chicos, al salón». No les había contado que en ocasiones nos llama chicos, así, con esa familiaridad que solo tienen los niños.

Y allá fuimos todos corriendo al salón. Vio los regalos pero los ignoró al principio. Lo que más le importaba era confirmar si se habían tomado las galletas y la leche. Sonrió satisfecha mientras le pedía a su padre que la ayudara a asomarse a la ventana para ver el cubo que reposaba tirado sobre el césped, vacío. Después de eso saltó, gritó y bailó mientras abría los regalos, y yo con ella. Montse estaba feliz, no quiso ni pasar por el orinal aunque por sus saltitos nerviosos me di cuenta de que tenía que ir. Al final la lleve a la fuerza pero regresó corriendo. Nos quedamos jugando toda la tarde. Fue increíble ver la sorpresa en su carita y la felicidad en sus ojos. Más tarde, mientras tomaba la merienda me preguntó:

  • Mami… ¿cuando vuelven los Reyes Magos?
  • Falta mucho mi amor, mucho tiempo. ¿Por qué lo preguntas?
  • Es que quiero darles un beso
  • Anda peque, dámelo a mi, que no es lo mismo… pero es igual.

 

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La gran noche de los Reyes Magos

El 6 de enero es mi festivo favorito porque mis padres hicieron que ese día fuera mágico e inolvidable. De hecho durante mucho tiempo callé  y les hice creer que aún creía para no dejar de recibir regalos. Y funcionó. Ahora me toca hacer el otro papel, el de los Reyes, y me divierto mucho. En América Latina lo usual es que sean los niños los que reciban los regalos, pero en España, por ejemplo, es habitual que se intercambien regalos entre todos, sin importar la edad.

La celebración de los Reyes Magos o los Santos Reyes como se les conoce también, se realiza en prácticamente todos los países hispanoparlantes y, con el objetivo de promoverla al resto del mundo, me gustaría hacerles una propuesta: llenar de niños nuestro Timeline (Twitter) y/o nuestro muro (Facebook).

El próximo día 6 de enero  podríamos cambiar el avatar o imagen de perfil por una foto de nuestra infancia o por una foto de nuestros hijos, de este modo seríamos muchos niños parlotenado en las redes sociales. ¿Qué les parece? Es una forma sencilla de inundarnos  de sonrisas infantiles, seguro que nos levanta el ánimo a todos. En Twitter podemos usar el hashtag #ReyesMagos que  posiblemente será Trending Topic ese día. Si se animan los espero en mi timeline con su mejor sonrisa infantil o con la foto de los pequeñajos de la casa. Feliz Día de Reyes a todos.

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Un año más

Tan deseosa como estoy por dejar atrás este año y comenzar uno nuevecito, de paquete, no me había parado a reflexionar sobre las cosas buenas que el 2010 ha dejado en casa. Todas las buenas noticias giran, por supuesto, en torno a Montserrat. Esa pequeñaja de ojos grandes y sonrisa chispeante que me ha regalado estos últimos 12 meses instantes llenos de magia, de esos que hacen que se te olviden por un momento las penas para continuar las andaduras diarias.

En lo primero que he reparado es en algo que no había querido aceptar (por miedo, o por nostalgia): la peque ya no es un bebé. Tiene a día de hoy 2 años, ocho meses y 20 días. Hace mucho tiempo que ya se expresa con claridad y dice oraciones complejas como: «Estoy confusa, no sé si me gustan mas los Reyes o Papá Noel». «No mamá, no quiero merendar. Pero gracias por pedírmelo». O cuando mirando el telefóno de juguete que le trajeron en Navidad me miró fijamente y me dijo: «¿Te diste cuenta? Este móvil no tiene Youtube».

Pero es que hay más. Esta pequeña parlanchina se ha convertido en una experta en negociaciones, así que si le pides, por ejemplo, que recoja sus juguetes, te dice que lo hará pero después de que termine Dora la Exploradora, o que lo hace pero si «alguien» le ayuda. Y ese «alguien» no es virtual, como esos amigos imaginarios que se inventa cuando quiere entreterse un poco. Empezó también con los juegos de rol, le gusta convertirse en enfermera y curarme las pupas con besos, y disfruta cocinando banquetes virtuales que todos sus muñecos -a los que llama amiguitos o hermanitos- disfrutan sin protestar.

También ha conseguido grandes avances en lo que respecta a nuevas tecnologías. Ya enciende sola el ordenador, la playstation del padre y el iPod (que era del padre pero ya se lo apropió). Así que si quiere ver una peli ya no necesita ayuda, mete el disco en la consola y maneja el mando como una experta, aunque lo pasa mal porque como no sabe leer, tiene que poner todas las películas una por una, hasta llegar a la que le interesa. Y con el ordenador ni se diga, tan familiarizada está con los términos informáticos que cuando se le pierde un juguete me dice que lo busquemos en Google. 

Yo es que me parto de risa con todas sus ocurrencias y hasta en los momentos mas duros está ella para recordarme lo importante que es vivir y sonreír. Ya no imagino mi vida sin ella. Así que aquí estoy, escribiendo estas líneas mientras cuento los minutos que faltan para terminar el 2010 y esperando recibir el nuevo año con la esperanza de que todo estará bien. Un abrazo y muchos éxitos.

 

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En el bosque de las hadas

Hace varios meses comencé una estrategia para ayudar a Montse a que deje el tete de una vez y para siempre. Debo confesar que no ha resultado fácil pero tampoco me ha ido tan mal. Ahora la peque solo pide el anhelado chupón para dormir por las noches. Sin embargo, tanta fue mi insistencia para intentar convencerla de que no pidiera el tete todo el tiempo porque lo tenía la hada (La hada del tete que me inventé, claro) que un buen día llegó a mis brazos y me dijo con su melodiosa voz: «Mamá, quiero verlas, a las hadas, llévame al bosque».

«¡Trágame tierra!» pensó esta aprendiz de madre que se ha dado cuenta de que engañar a los niños con fantasías tal vez no sea una buena idea.

Para no decepcionar a mi princesa su padre, su abuela, su tía y yo la llevamos a un terreno boscoso que tenemos cerca de casa, pero antes, escondimos entre los árboles una cajita de música que en lugar de tener la clásica bailarina tiene un Winnie The Poo danzarín.

Montse, que estaba feliz, pletórica y acompañada de su inseparable «nenecito», gritaba mirando hacia los árboles: «Hada, dónde estás, ven aquí que quiero verteeeeee».

Mientras la super abu entrenía a la nena, me aparté un poco del grupo y fingiendo la voz grité: «Montse no puedes verme porque vivo en un mundo mágico que se llama imaginación, pero te he dejado un regalo oculto entre los árboles. Búscalo y acuérdate de que el tete es solo para dormir».

La nena abrió los ojos como platos  volteando para todos lados hasta que encontró la caja. Le encantó. Todos la mirábamos embobados mientras ella le daba cuerda a su cajita.

Son esos breves momentos de felicidad los que le dan sentido a la vida. Ver la cara de un niño recibiendo un regalo o creando una ilusión es el mejor alimento para el alma. Fue un día inolvidable y Montse lo disfrutó muchísimo. Sólo espero que mi idea surta efecto y la niña deje poco a poco su chupete.

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Una noche de Reyes y magia

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10 consejos útiles para los Reyes Magos

Aunque los niños de ahora no se cortan al escribir la carta de los Reyes Magos, muchas veces es complicado elegir que regalarles en estas fechas. Así que intentando aliviar un poco la delicada tarea de Sus Majestades, he aquí algunas recomendaciones que les pueden resultar muy útiles:

1. El regalo debe ser, antes que nada, divertido. Los Reyes deben comprender que los niños viven las fiestas navideñas con mucha ilusión. Nada más traumático para un pequeñín que abrir el preciado paquete y encontrarse con una pijama de lana o un mochila para el cole. Así que ni ropa, ni útiles escolares, ni muebles para la habitación. Al menos, claro, que estén incluidos en la carta.

2. Antes de elegir el regalo es necesario conocer bien al destinatario. ¿Qué es lo que más le gusta? ¿Hay algo que le haga particular ilusión? Una buena técnica es cerrar los ojos e imaginar la cara que pondrán cuando vean el regalo.

3. En medio de la crisis es natural que no se asigne un gran presupuesto a los regalos, pero eso no debe repercutir -de ninguna manera- en la calidad de los juguetes. Es primordial los regalos de los niños cumplan con la normativa de calidad europea.

4. Elegir el regalo de acuerdo a la edad del niño. Muchas veces los Reyes se emocionan tanto que, inconscientemente, buscan juguetes que les gusten a ellos sin pensar en el menor: grave error. El obsequio debe adaptarse no solo a los gustos del pequeño, sino también a su madurez porque si no se pierde pronto el interés.

5. Precio no es igual a aprecio. El amor hacia los niños no se demuestra comprando el regalo  más caro. Aunque son los Reyes quienes deciden el precio del juguete, es importante que no se dejen llevar por las campañas publicitarias.

6. Cumplir a pie juntillas los caprichos de los nenos no es la mejor decisión. Los padres deben orientar a sus hijos respecto a las peticiones que hacen en sus cartas y hacerles entender que no pueden tener todo lo que quieren.

7. Los niños menores de un año disfrutan más de los móviles y aquellos objetos que estimulan su curiosidad y sus sentidos a través de colores alegres y sonidos divertidos.

8. Entre los dos y los cuatro años la imaginación y la creatividad son fundamentales. Los disfraces y los juegos de rol son una buena opción puesto que disfrutan imitando a los adultos. También en este rango de edad prevalece el gusto por juguetes sobre ruedas como triciclos y corre pasillos.

9. A partir de los cinco años es más fácil escoger un juguete puesto que el pequeño ya sabe lo que quiere y tiene la capacidad para decirlo. Si el niño se inclina por la tecnología y quiere una consola, por ejemplo, es importante elegir juegos que estimulen la movilidad o acompañar el juguete con otro que pueda disfrutar lejos del sofá. Lo importante es no promover el sedentarismo infantil.

10. Acompaña el regalo con una misiva. Al menos a mí me hacía mucha ilusión encontrar una carta junto a mis juguetes. Es una buena forma de felicitar a los niños buenos y reprender ligeramente a los que se han portado mal.

¡Buena suerte y felices fiestas!

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