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10 consejos para madres en espera

Cuando una mujer confirma que está embarazada comienza una revolución interna que la sumerge en una felicidad cuasi absoluta y, en el mejor de los casos, cuasi permanente. La mente comienza a navegar a mil por hora en un océano de planes y buenos propósitos. Empieza a organizar mentalmente la habitación del bebé, a imaginar la ropa que le comprará y a preocuparse por el parto, la epidural, la episiotomía, las enfermedades infantiles, la guardería, y todos esos temas que son fuente inagotable de conversación entre los futuros padres.

Y claro, queremos compartir todos esos momentos con nuestros familiares y amigos más cercanos. Sin embargo, los médicos aconsejan esperar un tiempo prudente y razonable (aproximadamente tres meses) antes de contar la noticia con la finalidad de que, en caso de que la gestación se interrumpa como sucede algunas veces en las primeras semanas, no sea necesario llamarlos a todos.

A continuación les comparto algunos consejos prácticos para esos caóticos primeros meses:

1. Aunque la prueba casera te de un esperado positivo confirma el resultado con un análisis clínico de sangre u orina o visita directamente a tu médico.

2. En cuanto lo sepas con seguridad tómate algún tiempo para asimilar la noticia. Cuando se desea plenamente un hijo esos primeros momentos resultan intensos, es bueno que los compartas con el futuro padre.

3. Tómate las cosas con calma. Esto no es un maratón y no tienes que decidir el nombre del bebé en la primera semana ni amueblar la habitación en el tercer mes.   Lo más importante es la salud, por lo que acudir a la consulta para que te asignen una matrona  y  un ginécologo es lo primero que debes hacer.

4. Una relación de absoluta confianza con la matrona resulta fundamental. Es importante que le expongas todas tus dudas sin avergonzarte de nada. Ella te guiará y te preparará para el momento del parto.

5. Prepara tu cuerpo para el embarazo. Si eres fumadora tienes que dejar el tabaco de inmediato y por ningún motivo consumas drogas o alcohol. Incluso para tomar algún medicamento suave como el paracetamol es mejor que lo consultes con el tocólogo o la matrona. También es importarte que te surtas con cremas hidratantes y anti estrías, porque la piel necesitará un refuerzo en cuanto el bebé comience a crecer.

6. No enloquezcas comprando ropa para el bebé. Sé que es difícil resistirte a asaltar los centros comerciales pero las compras apresuradas pueden provocar que te arrepientas a los tres días. Lo mejor es que analices con calma información importante como cuando nacerá  o si hará calor o frío. Comprar demasiada ropa en tallas de la cero a la 6m es un grave error, porque los bebés crecen mucho y te arriesgas a que ni siquiera estrene muchas de las prendas.

7. Estimula a tu bebé desde los primeros meses. Está demostrado que sonidos como la voz de mamá o la música resultan gratificantes para el bebé, por lo que te sugiero que le hables todo el tiempo. La música relajante será útil para los dos. Durante el embarazo evita los gritos y las peleas, porque los peques también se estresan.

8. Practicar yoga, nadar y caminar, son algunas de las actividades físicas más recomendables durante la gestación. 

9. Es preferible que lleves ropa holgada y cómoda. Olvídate de los pantalones pitillos y las faldas stretch porque la ropa demasiado ajustada no es buena para el bebé. Los zapatos de tacón también deben abandonar temporalmente el armario, sustitúyelos por zapatos planos y cómodos.

10. En cuanto a la alimentación, la dieta debe ser variada y rica en fibras y lácteos. La fruta y las verduras son indispensables, así como la leche y el yogur. Trata de no consumir alimentos muy condimentados ni comida con grasa saturada.

Un regalito

Para las madres que desean compartir gráficamente las ecografías y fotos del nuevo bebé, DKV Seguros ha desarrollado una aplicación para Facebook que nos permite elaborar de manera muy sencilla un álbum fotográfico con los datos del bebé. Se llama Voy a ser mamá y, entre otras opciones, la herramienta permite a las usuarias elegir la foto de portada, el fondo del álbum y la distribución de las imágenes en cada página. En cuanto a la privacidad, esta aplicación permite a cada mamá decidir si compartirá las fotos con todos sus amigos del facebook o solo con los más cercanos.

La aseguradora obsequia también a las futuras madres con otra aplicación llamada Tu reloj biológico que, a través de un sencillo test permite identificar el nivel del instinto materno de cada mujer.

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Dos años con Montse, la historia de un parto

Hoy hace apenas dos años que me convertí en madre. Montserrat nació  a las 2.20 de la madrugada de un lluvioso viernes de abril tras 18 intensas horas de trabajo de parto inducido.

Me enteré de mi embarazo después de más de un año de intentos y de una larga lista de resultados negativos. Me realicé la prueba casera un viernes por la mañana y al ver las dos rayas mágicas en ese intenso tono rosa me puse a llorar en el baño. Desperté a mi esposo con la cara bañada en llanto y él me abrazó emocionado preguntándome si estaba segura. Acordamos no decirle a nadie hasta relizarme una prueba profesional en un laboratorio, pero ese día mi padre lo estaba pasando un poco mal y decidimos arriesgarnos y endulzarle el día con la noticia. No puedo describir la cara que puso, los ojos se le iluminaron como una mañana de verano y una sonrisa perenne apareció en su rostro. «Hay que contarle a tu madre» gritó emocionado. Ni que decir que toda la familia se puso feliz ante la esperada noticia.

El mío fue un embarazo cortés. Sin náuseas, ni vómitos, ni calambres… ni siquiera antojos. Todo se complicó cuando tras realizarme el test de O`Sullivan detectaron que podría padecer diabetes gestacional. A partir de ahí las visitas al gine se hicieron  más frecuentes y me pusieron en la penosa lista de los embarazos de alto riesgo. Alto riesgo. Cuando escuché al ginecólogo decir esas temidas palabras sentí que la tierra se abría bajo mis pies. ¿Qué significaba eso? ¿Que la vida de Montserrat corría peligro? Me sometí a una larga lista de estrictos cuidados  y visitaba la consulta semana tras semana.

El médico me explicó que todo podría complicarse si la beba cogía mucho peso. Cuando aún faltaban algunas semanas para el esperado parto me hicieron una de las tantas ecografías y el médico dictaminó que debían ingresarme para monitorear a Montse. Fue terrible porque ni siquiera me dejaron ir a casa a por mis cosas. Después de la revisión me asignaron una habitación y me quedé allí al cuidado de las enfermeras. Ya me habían realizado todas las pruebas realizables, incluida la de la epidural, aunque mi exagrado temor a las agujas me había llevado a decidir que no me la pondría jamás. Tan solo de imaginar que me introducían esa finísima aguja en la espalda me ponía los pelos de punta.

Después de varios días «de vacaciones» en el área de alto riesgo, en cuyos pasillos conocí a mujeres muy interesantes en la misma situación que yo, me trasladaron al paritorio la mañana del jueves 10 de abril. Lo primero que hice fue llamar a mi madre para tranquilizarme escuchando su voz.  Ella y mi padre me daban ánimos pero sé que en el fondo estaban tan nerviosos como yo por el bienestar de su nieta.

Después de varias revisiones y tras conocer a la matrona que me atendería me crucificaron los brazos con las vías necesarias para afrontar las posibles urgencias. El aprendiz de padre estaba ahí como un valiente intentando animarme en todo momento pese a que en los ojos reflejaba el miedo ante lo que  pudiera pasar. Por la ventana de mi habitación veía la lluvia caer y a la gente apresurar el paso bajo los paraguas mientras que en silencio le pedía a Dios  que todo saliera bien.

«Lo más deseable es el comienzo espontáneo del parto aunque hay circunstancias de tipo médico u obstétrico que aconsejan la inducción» amenazó la matrona con su cara resplandeciente de veinteañera recién duchada. «En su caso tendremos que utilizar oxitocina y, probablemente, romper artificialmente la bolsa si el trabajo de parto no evoluciona como esperamos». La mujer continuaba explicando con los habituales tecnicismos mientras yo intentaba asimilar que mi parto no sería natural como lo había soñado. «… lo importante es evitar a toda costa el sufrimiento fetal por lo que tampoco descartamos una cesárea», me decía aquella lejana voz. ¿Sufimiento fetal? Después de escuchar aquello firmé sin pensar todo los papeles que pasaron por delante ante la mirada atónita de mi esposo.

Y así comenzó la primera de las 18 horas que precedieron la feliz llegada de mi amada hija. Mientras por las venas de un brazo me corrían los chorros de oxitocina por el otro entraba el suero y la insulina para evitar que me subieran los niveles de glucosa en la sangre.

Y como no podía ser de otra manera -ya me habían advertido que las contracciones falsas que provoca la oxitocina son mucho más dolorosas que las naturales- terminé pidiendo a gritos la epidural. Después de cuatro intentos pudieron colocar la aguja para suministrar la bendita anestesia que hizo que todo pareciera más fácil en el quirófano, donde una ginecóloga, dos enfermeras, una matrona y un pediatra me recibieron sonrientes tratando de tranquilizarme.

No sentía las piernas. Y el parto resultó complicado pese a que pujé  con todas mis fuerzas durante cada contracción. Tuvieron que ayudarse con espátulas y la cabeza de Monse sufrió las consecuencias. Finalmente nació y al ver sus ojos grises me hipnotizaron. Los tenía muy abiertos y miraba alrededor sin entender que sucedía. Fueron solo algunos segundos porque el pediatra se la llevó para hacerle el test de Apgar en el que sacó su primer sobresaliente.

Fue el radiante padre quien la puso en mis brazos por primera vez. Me pareció la niña más hermosa del mundo y en ese momento le prometí en voz alta que la amaría para siempre.  Hoy cumplió sus primeros dos años de vida y me siento sumamente dichosa de estar a su lado, donde espero permanecer por mucho, mucho tiempo.

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Madre después de los 40

Una de las consecuencias de la profesionalización de la mujer ha sido la dificultad para formar una familia. No quiero decir con esto que las mujeres que trabajamos estemos negadas para la maternidad, pero tampoco podemos ignorar el hecho de que cuando una mujer trabaja y se siente a gusto en su trabajo, va dejando el embarazo para más tarde. ¿Qué pasa entonces? Pues nada, que ahora es mucho más común que la mujer llegue a los treinta y muchos… y permanezca soltera y sin hijos.

Pese al insistente tic-tac del reloj biológico, la idea de retrasar el matrimonio y la maternidad no es para nada descabellada, al contrario, en estos tiempos es más meritoria la realización profesional. Pero el otro lado de la moneda nos ofrece una cara un tanto amarga: Esperar demasiado tiempo para tener hijos también puede traer consecuencias.

Después de los 30 es recomendable que la mujer se realice un examen completo para descartar la presencia de alguna enfermedad. Se ha demostrado que lo importante para la evolución favorable del embarazo no es la edad de la madre, sino el estado de salud preexistente al embarazo. A medida que avanza la edad es más probables presentar enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión arterial, las cuales pueden repercutir de manera negativa en la gestación. De ahí la importancia de un control prenatal temprano y adecuado, para realizar un diagnóstico precoz y prevenir complicaciones.

Otro aspecto que debemos tomar en cuenta antes de planificar la familia es el agotamiento físico. Seamos realistas, no es lo mismo criar a un hijo a los 35 que a los 50. Para muchas mujeres estar todo corriendo detrás de un niño puede resultar agotador y, si a eso se le suman los días sin dormir y las horas laborales, no hay bebida energética que las mantega despiertas.

También es cierto que no siempre se puede planificar tan estrictamente un embarazo. Pero sí es viable que la mujer se marque ciertas pautas sobre lo que quiere hacer con su vida en un futuro cercano. Los hijos siempre pueden esperar… pero no tanto.

Opina: ¿Qué piensas de ser madre después de la cuarentena?

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