Archive for abril, 2010

Licenciadas en lactancia

Este fin de semana he leído con agrado un reportaje sobre lactancia materna firmado por Tatiana López, corresponsal de La Voz de Galicia en Estados Unidos, en el que me entero que en áquel país  existe una institución que ofrece una licenciatura en lactancia tras estudiar un curso de tres años y realizar 12 meses de prácticas en un hospital.

Aunque para muchos pudiera parecer exagerado pienso que es fundamental profesionalizar la asesoría en esta complicada fase post parto. Muchas madres que en principio tienen la intención de amamantar a sus hijos, pierden pronto el interés debido, en gran parte, a la falta de información y apoyo.

Y es que la lantancia no va solo de quitarse el sostén y meterle un pecho al bebé en la boca. Hay todo un proceso que se complica en algunas situaciones cuando aparecen problemas como una supuesta falta de leche o padecimientos físicos en las mamas. Dicen los expertos que la lantancia es posible en la mayoría de los casos pero depende al 100% de las ganas que tenga una mujer de alimentar al bebé con su propia leche.

Lo más cómodo es recurrir a una lata de fórmula láctea, porque para que nos vamos a engañar, muchas veces la lactancia puede resultar molesta, agresiva e incluso dolorosa. Sin embargo, si pensamos más en el bienestar del bebé que en nuestra comodidad podremos comprender que el mejor alimento que puede recibir un niño es la leche de su madre, sobre todo en sus primeros meses.

Por eso me ilusiona que existan expertas formadas profesionalmente para asesorar a las primerizas. Y por eso también apoyo la labor de instituciones como la Liga de la Leche.

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¡Feliz día del niño!

«Un niño es la verdad con la cara sucia, la belleza con una cortada en el dedo, la sabiduría con el chicle en el pelo y la esperanza del fruto con una rana en el bolsillo» Rodney Collin

Aunque la celebración universal de los derechos del niño se festeja en todo el mundo el 20 de noviembre, cada país tiene su fecha especial para celebrar a sus niños. En México, por ejemplo, es el 30 de abril, Brasil celebra en octubre, Venezuela en junio y España el 15 de abril.

Este año Google España amaneció con un doodle en honor a todos los peques en su día.

Yo me uno al festejo recuperando una vieja canción de uno de mis autores favoritos, José Luis Perales: Que canten los niños.

Participa: Para ti, ¿qué es un niñ@?

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Dos años con Montse, la historia de un parto

Hoy hace apenas dos años que me convertí en madre. Montserrat nació  a las 2.20 de la madrugada de un lluvioso viernes de abril tras 18 intensas horas de trabajo de parto inducido.

Me enteré de mi embarazo después de más de un año de intentos y de una larga lista de resultados negativos. Me realicé la prueba casera un viernes por la mañana y al ver las dos rayas mágicas en ese intenso tono rosa me puse a llorar en el baño. Desperté a mi esposo con la cara bañada en llanto y él me abrazó emocionado preguntándome si estaba segura. Acordamos no decirle a nadie hasta relizarme una prueba profesional en un laboratorio, pero ese día mi padre lo estaba pasando un poco mal y decidimos arriesgarnos y endulzarle el día con la noticia. No puedo describir la cara que puso, los ojos se le iluminaron como una mañana de verano y una sonrisa perenne apareció en su rostro. «Hay que contarle a tu madre» gritó emocionado. Ni que decir que toda la familia se puso feliz ante la esperada noticia.

El mío fue un embarazo cortés. Sin náuseas, ni vómitos, ni calambres… ni siquiera antojos. Todo se complicó cuando tras realizarme el test de O`Sullivan detectaron que podría padecer diabetes gestacional. A partir de ahí las visitas al gine se hicieron  más frecuentes y me pusieron en la penosa lista de los embarazos de alto riesgo. Alto riesgo. Cuando escuché al ginecólogo decir esas temidas palabras sentí que la tierra se abría bajo mis pies. ¿Qué significaba eso? ¿Que la vida de Montserrat corría peligro? Me sometí a una larga lista de estrictos cuidados  y visitaba la consulta semana tras semana.

El médico me explicó que todo podría complicarse si la beba cogía mucho peso. Cuando aún faltaban algunas semanas para el esperado parto me hicieron una de las tantas ecografías y el médico dictaminó que debían ingresarme para monitorear a Montse. Fue terrible porque ni siquiera me dejaron ir a casa a por mis cosas. Después de la revisión me asignaron una habitación y me quedé allí al cuidado de las enfermeras. Ya me habían realizado todas las pruebas realizables, incluida la de la epidural, aunque mi exagrado temor a las agujas me había llevado a decidir que no me la pondría jamás. Tan solo de imaginar que me introducían esa finísima aguja en la espalda me ponía los pelos de punta.

Después de varios días «de vacaciones» en el área de alto riesgo, en cuyos pasillos conocí a mujeres muy interesantes en la misma situación que yo, me trasladaron al paritorio la mañana del jueves 10 de abril. Lo primero que hice fue llamar a mi madre para tranquilizarme escuchando su voz.  Ella y mi padre me daban ánimos pero sé que en el fondo estaban tan nerviosos como yo por el bienestar de su nieta.

Después de varias revisiones y tras conocer a la matrona que me atendería me crucificaron los brazos con las vías necesarias para afrontar las posibles urgencias. El aprendiz de padre estaba ahí como un valiente intentando animarme en todo momento pese a que en los ojos reflejaba el miedo ante lo que  pudiera pasar. Por la ventana de mi habitación veía la lluvia caer y a la gente apresurar el paso bajo los paraguas mientras que en silencio le pedía a Dios  que todo saliera bien.

«Lo más deseable es el comienzo espontáneo del parto aunque hay circunstancias de tipo médico u obstétrico que aconsejan la inducción» amenazó la matrona con su cara resplandeciente de veinteañera recién duchada. «En su caso tendremos que utilizar oxitocina y, probablemente, romper artificialmente la bolsa si el trabajo de parto no evoluciona como esperamos». La mujer continuaba explicando con los habituales tecnicismos mientras yo intentaba asimilar que mi parto no sería natural como lo había soñado. «… lo importante es evitar a toda costa el sufrimiento fetal por lo que tampoco descartamos una cesárea», me decía aquella lejana voz. ¿Sufimiento fetal? Después de escuchar aquello firmé sin pensar todo los papeles que pasaron por delante ante la mirada atónita de mi esposo.

Y así comenzó la primera de las 18 horas que precedieron la feliz llegada de mi amada hija. Mientras por las venas de un brazo me corrían los chorros de oxitocina por el otro entraba el suero y la insulina para evitar que me subieran los niveles de glucosa en la sangre.

Y como no podía ser de otra manera -ya me habían advertido que las contracciones falsas que provoca la oxitocina son mucho más dolorosas que las naturales- terminé pidiendo a gritos la epidural. Después de cuatro intentos pudieron colocar la aguja para suministrar la bendita anestesia que hizo que todo pareciera más fácil en el quirófano, donde una ginecóloga, dos enfermeras, una matrona y un pediatra me recibieron sonrientes tratando de tranquilizarme.

No sentía las piernas. Y el parto resultó complicado pese a que pujé  con todas mis fuerzas durante cada contracción. Tuvieron que ayudarse con espátulas y la cabeza de Monse sufrió las consecuencias. Finalmente nació y al ver sus ojos grises me hipnotizaron. Los tenía muy abiertos y miraba alrededor sin entender que sucedía. Fueron solo algunos segundos porque el pediatra se la llevó para hacerle el test de Apgar en el que sacó su primer sobresaliente.

Fue el radiante padre quien la puso en mis brazos por primera vez. Me pareció la niña más hermosa del mundo y en ese momento le prometí en voz alta que la amaría para siempre.  Hoy cumplió sus primeros dos años de vida y me siento sumamente dichosa de estar a su lado, donde espero permanecer por mucho, mucho tiempo.

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¿Quién mató a Paulette?

Paulette Gebara Farah tenía cuatro años cuando murió presuntamente asesinada. Hija de Mauricio Gebara y Lisette Farah, la niña nació prematuramente a las 25 semanas de gestación y padecía una discapacidad motriz en una mano y un problema de lenguaje que le impedía expresarse correctamente. En un principio, sus padres denunciaron la misteriosa desaparición de la menor la noche del 22 de marzo de 2010, cuando se encontraba en su vivienda ubicada en una exclusiva zona aledaña al área metropoliana de la capital de México.

La desaparición de Paulette evocó a la tragedia de Madeleine McCann, quien desapareció de la habitación de un hotel en Portugal en 2007, durante unas vacaciones familiares. Pero mientras la pequeña Maddy continúa desaparecida, Paulette apareció muerta diez días después de  que se extraviara. El cuerpo de la pequeña fue encontrado por agentes de la policía en su propia habitación. Estaba dentro de una bolsa negra en una rendija entre el colchón donde dormía la nena y un mueble que forma parte de su cama.

Según declararon las autoridades a la prensa mexicana, la niña no había sido localizada en el departamento porque la policía «confió en las declaraciones de quienes denunciaron la desaparición». Los resultados de la necropsia revelaron que Paulette fue asesinada «por asfixia mecánica por obstrucción de fosas nasales y compresión toracicoabdominal».

Los padres y las niñeras fueron detenidos antes de que apareciera el cuerpo por incurrir en contradicciones y falsedad de declaraciones. Pero aún no hay respuesta a las dos preguntas claves de esta aberrante tragedia: ¿Quién mató a Paulette Gebara? ¿Por qué la mató?

Me aterra pensar que la culpable pueda ser la madre. Me aterra más aún sospechar que la niña murió asesinada por su madre y que puedan culpar a las niñeras. Me aterra imaginar que las asesinas son las niñeras, dos mujeres a quienes se les confía plenamente el bienestar de una menor.

Lo peor es que un nuevo informe revela que Lisette Farah, la madre de la pequeña, padece trastornos de personalidad. ¿Qué significa eso? ¿Que la mató sin querer? ¿Qué pagará su pena internada en un psiquiátrico en lugar de entrar a prisión?

Respetando la presunción de inocencia entiendo que aún nadie es culpable. Pero espero que se haga justicia y que el asesino, la asesina o los asesinos paguen por este crimen. ¿Cómo puede una madre o cualquier persona asfixiar a una menor? ¿El, la o los culpables no sintieron nada mientras la niña moría lenta y desesperadamente? Personas así no merecen consideración alguna.

Paulette tenía cuatro años. Cuatro. Y murió en manos de algún canalla que aún se encuentra en libertad. Sólo espero que no sea por mucho tiempo. Que Dios te guarde y te bendiga, Paulette.

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