Posts Tagged crianza con apego

Una nueva maternidad

Rosa Jové* es madre, psicóloga, psicopediatra, experta en antropología de la crianza y escritora. Es autora, entre otros textos de psicología infantil, del libro Dormir sin lágrimas. Y entre sus múltiples ocupaciones se ha dado tiempo de escribir el prólogo de un libro de mujeres que reflexionan sobre crianza con apego. Estas son algunas de las valoraciones que Jové ha hecho sobre Una nueva maternidad  (Editorial OB STARE, 2011) que ya está a la venta.

– «En muchas de sus páginas, algunas nos veremos reflejadas, y nuestros ojos se humedecerán conforme avance la lectura. Otras, menos afortunadas, no sentirán tanta emoción pero seguro que tendrán material para reflexionar. Ante estas páginas, la neutralidad no existe».

– «Son historias de quince hadas de la maternidad que, entre pañales y pucheros, entre trabajos varios y noches sin dormir, invocaron al duende de sus sentimientos, que se hizo visible en forma de letras y espacios».

– «Cada una escribe lo que siente, lo que quiere escribir y a quien quiere escribir. Hay textos más intimistas y poéticos, textos más reivindicativos y prosaicos, pero todos destilando magia».

– «Si este libro fuera como una bolsita de té, haría una deliciosa infusión de amor».

(*) Rosa Jové (Lleida, 1961) es licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, está especializada en psicología clínica infantil y juvenil y en psicopediatría. Es además licenciada en Historia y Geografía con especialización en antropología de la crianza. Es la responsable del gabinete de psicología del Centro Médico CMS en Lleida, con consultas en Barcelona y Madrid. Autora de diversas publicaciones sobre psicología infantil, entre ellas el libro Dormir sin lágrimas.

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Carlos González: «Yo no lo dejo llorar»

Para contrarrestar un poco el amargo sabor de boca que nos dejo el vídeo de la supernanny tirana, encontré esta breve explicación de Carlos González sobre crianza con apego a la hora de dormir. Si aún tienes dudas sobre si dejar o no llorar al niño, este pediatra te puede orientar:

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Un método infalible para alejarte de tu bebé

Se llama Claire Verity y, sin ninguna formación ni experiencia en niños, está (o estuvo) ganando dinero embaucando a los padres para que siguieran un «método» de crianza con el que garantiza  «orden en vuestra vida 24 horas después de haber tenido un bebé». La conocí a través del blog de los expertos de @mentelibre_es quienes publican un interesante análisis de Ramón Soler sobre los métodos conductistas de aprendizaje. Estas son algunas de las lindezas que la supernanny británica enseñaba a los seguidores de su programa televisivo:

1. Obviamente, el bebé solo coméra cada cuatro horas, y nada de tocarlo.

2. No quiero ver nunca a ese bebé fuera de su cama después de las 19.00 horas.

3. Mientras el bebé come aléjalo de tu cuerpo y no lo mires, si lo tienes demasiado cerca se sentirá demasiado cómodo y se dormirá.

4. No es posible que algo tan pequeño controle tu vida.

5. El bebé tiene que respirar aire fresco, así que déjalo en el jardín pero a solas. Y tienes que cerrar la puerta de la casa para que no lo escuches, así se relajará.

6. Deja al bebé llorar porque no tiene nada, solo quiere tu atención. Evita en todo momento el contacto visual. -> [Es curioso, el hipnotizador de perros sugiere lo mismo, lo he visto en Cuatro].

7. No comprendo porque la gente quiere necesita tocar a un bebé o cogerlo en brazos, el bebé no quiere que lo cojan en brazos constantemente, solo quiere que lo dejen en paz.

Me cuesta creer que existan tantos padres que realmente piensan que hay que adoctrinar a los bebés para que molesten lo menos posible. O que consideran que tocarlos y mimarlos solo les perjudica. No sé porque esas mujeres se molestan en parir. En fin, no se pierdan la reflexión sobre el polémico vídeo en el blog de la revista Mente Libre.

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La magia del 6 de enero

Todo salió perfecto, tal como estaba planeado. El día de Reyes es el más significativo de las fiestas navideñas. Montse lo tiene claro, porque el año pasado (con un añito cumplido) lo disfrutó en grande. Y con una experiencia tan grata guardada en su memoria selectiva era lógico que esperara el día con tanta ansiedad. En nuestra casa, como en muchísimos otros hogares, la víspera de Reyes fue una locura. La nena no podía conciliar el sueño por los nervios. Algunas horas antes intentó convencerme de que dejáramos leche en vez de agua en el cubo de los animales, porque, según su reflexión: «¿Cómo van a mojar las galletas en agua, mamá? Seguro que no les gusta».

Al final pusimos agua. Y a los Reyes leche y galletas. Dejamos la ventana medio abierta y nos fuimos a la cama… a conversar. Tardó mucho en dormirse. Estuvimos abrazadas hasta las cinco de la madrugada mientras el padre dormía como un bebé. Ella alumbraba la ventana de la habitación con su linterna, atenta a cualquier movimiento extraño. Y con el temporal de viento que hubo anoche, normal que escuchara ruidos cada dos minutos. «Ssshhttt calla mamá, ¿los oyes? Creo que ya están aquí… han llegado mamá!!! Anda, vamos al salón». Yo me mantuve despierta más por solidaridad que por falta de sueño. Finalmente se durmió minutos antes de las cinco, con la linterna en la mano y una sonrisa en la cara.

 Y claro, al otro día la pobre estaba rendida, por más que su emocionado padre intentó despertarla no hubo forma. Así que en casa abrimos los regalos hasta pasadas las dos de la tarde, cuando la peque abrió los ojos de golpe gritando: «Han venido, llegaron ya??? Vamos chicos, al salón». No les había contado que en ocasiones nos llama chicos, así, con esa familiaridad que solo tienen los niños.

Y allá fuimos todos corriendo al salón. Vio los regalos pero los ignoró al principio. Lo que más le importaba era confirmar si se habían tomado las galletas y la leche. Sonrió satisfecha mientras le pedía a su padre que la ayudara a asomarse a la ventana para ver el cubo que reposaba tirado sobre el césped, vacío. Después de eso saltó, gritó y bailó mientras abría los regalos, y yo con ella. Montse estaba feliz, no quiso ni pasar por el orinal aunque por sus saltitos nerviosos me di cuenta de que tenía que ir. Al final la lleve a la fuerza pero regresó corriendo. Nos quedamos jugando toda la tarde. Fue increíble ver la sorpresa en su carita y la felicidad en sus ojos. Más tarde, mientras tomaba la merienda me preguntó:

  • Mami… ¿cuando vuelven los Reyes Magos?
  • Falta mucho mi amor, mucho tiempo. ¿Por qué lo preguntas?
  • Es que quiero darles un beso
  • Anda peque, dámelo a mi, que no es lo mismo… pero es igual.

 

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Víspera navideña

Este año me apetece poco celebrar la Navidad pero si tienes en casa a una niña de 2 años y medio que es fan de Los Reyes Magos, Papa Noel y el reno Rodolfo, es imposible ignorar la algarabía navideña. Así que contra todo pronóstico me he sorprendido cantando Adestes fideles en varias ocasiones. Mi pequeño torbellino no para en todo el día. La ilusión es tanta que desde hace tres semanas los cuentos, las canciones, los juegos y hasta los berrinches, giran en torno a la Navidad.

Lo de los regalos es un capítulo aparte. Asigné un día específico para realizar las consagradas compras, así que trepamos al coche a la pequeña Jingle Bells y allá nos fuimos, porque el domingo, salvo que me toque guardia laboral, ella y yo no nos separamos ni por confusión. Cinco horas viendo, probando y comparando juguetes en tres centros comerciales, fue realmente agotador y más con la peque a cuestas. Menos mal que aún es fácil despistarla y no se daba cuenta de que yo iba metiendo todo lo que llamara medianamente su atención en un carrito camuflajeado para poder decidir después. Ella nos lo puso fácil puesto que el día que le tocó «escribir» la carta para llevársela al cartero real, la peque pronunciaba su misiva en voz alta mientras dibujaba unos garabatos sobre un papel. No sé si es la lista definitiva porque hace dos meses que la está preparando y la cambia casi a diario, pero la carta le quedó preciosa. La decoró con el dibujo de un sol y de un Papá Noel, cosa que igual a los Reyes no les hace mucha gracia pero se tienen que aguantar, que la competencia es mucha y la crisis no está como para ofenderse.

El festival navideño de la guarde también la tiene emocionada, aunque la pilló en medio de un catarro con tos y fiebre. Disfruta tanto tocando su pandereta que, con todo y mocos, Montse ensaya incluso los días que no va al cole. Me ha dicho que me tiene una sorpresa y que la canción me va a gustar. Yo no tengo la menor duda, verla cantar y sonreír son cosas que aderezan cotidianamente mi vida. Mañana será el gran día para ella y sus compis del colegio, que podrán cantar frente a los embobados padres esa secreta canción que han preparado durante semanas.

En el fondo solo deseo que todo esto pase pronto y que el 2010  quede atrás. Pero mientras llega el esperado 1 de enero, seguiré secundando las locuras navideñas de la niña, que para eso soy su madre. Felices fiestas.

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Tuiteando y la teta dando

Aunque es bien sabido que las mujeres -a diferencia de la mayoría de los hombres- pueden hacer varias cosas al mismo tiempo, la llegada de las redes sociales y, sobre todo, de los smartphones, han potenciado esa ilimitada capacidad que tenemos. Basta con mirar la tira que estos días lleva por avatar en su twitter la siempre ocurrente @irene_gp por cortesía de Fa-Kun, un brillante ilustrador fascinado con la lactancia materna, autor del blog Siempre dibujando.

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Septiembre… otra vez

Este año ha sido especialmente duro para toda mi familia. Hemos intentado refugiarnos en la cotidianidad para seguir adelante y tal vez esa sea la razón por la que los días han pasado mucho más rápido de lo que esperaba. Agosto está por terminar y el verano pronto será un recuerdo más del álbum fotográfico. Las últimas semanas Montse, el aprendiz de padre y yo nos propusimos disfrutar como locos de nuestro tiempo libre. Y lo hemos conseguido. De ahí que saber que el próximo 1 de septiembre volveremos a nuestra rutina académica-laboral me pone un poco triste.

La peque iniciara su último curso en la guarde y desde que empezó  ha crecido mucho emocional y mentalmente. Tiene un entrañable grupo de amigos con los que disfruta al máximo. En septiembre de 2009 estaba angustiada pensando en esa primera separación, dejarla en manos extrañas me daba miedo. Pero hemos superado con creces esa prueba y estoy segura de que disfrutará este nuevo año mucho más que el anterior.

Mi hija ya tiene 2 años y es plenamente consciente de su mundo familiar y escolar. A veces olvido que ya no es un bebé pero ella me lo recuerda:

– Montse ven… que te pongo los zapatos

– No mamá, me los pongo yo que ya soy mayor.

Y a mi se me congela la sonrisa pensando en que tiene razón: ya es una niña mayor. No es que no quiera que crezca, es simplemente la añoranza de aquella bebé a la que tenía siempre en brazos escuchándome atenta.

En fin, que el tiempo no se detiene y la peque descubre todos los días algo nuevo que la enriquece y la hace aún más grande. Yo la observo en silencio admirando su madurez y anhelando hacer de ella una buena chica, una buena persona.

Ya tenemos todo listo para el regreso a clases. El uniforme está colgado junto a mis ganas de madrugar. Y sus zapatos esperan en una caja donde reposan serenamente las pocas ganas que tengo de separarme de mi pequeña.

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La historia de una espera en Twitter

Después de varias semanas de sustos, risas, contracciones y buena vibra llegó al mundo Sophie, la bebé más esperada de Twitter. Su mami, Ishamommy, es una mujer muy valiente que declinó una cesárea ofrecida por una mala doctora para esperar a que Sophie decidiera cuando llegar. Los detalles del parto y el feliz nacimiento seguramente los publicara Isha en su blog cuando sea el momento, pero les puedo comentar que los días previos al parto fueron muy intensos. La tribu 2.0 de madres en Twitter (esta precisa definición se le ocurrió a Louma, de Amor Maternal) estuvimos pendientes en todo momento del embarazo de Isha quien a veces nos hacía desear estar junto a ella en sus primeras contracciones o nos sorprendía con sus gratas ocurrencias.

En el transcurso de esta bella espera conocí a un grupo de mujeres maravillosas con las que tenía poco o ningún contacto como @yolizca @palex21 , @veronica_lopezr @tonscual y @antia000. Y me divertí mucho con las mamás tuiteras que ya forman parte de mi vida: @irene_gp @amormaternal @OR_2 @Januszka @naceunamama y @princessofdeaht

Las horas previas al nacimiento esuvimos pendientes de cada contracción y respirando todas juntas aunque separadas. Las que tuiteamos desde España nos desvelamos un poco pero estuvimos acompañándonos mutuamente  esperando los reportes de Alex.

Ahora Sophie está en este mundo y sé que Isha hará que su vida sea fácil, divertida y lo más placentera posible.

Me encanta compartir con otras madres a través de Twitter porque estoy convencida de que todas somos aprendices intentando ser mejores madres y superar los errores que entorpecen la crianza con apego. A través de sus breves relatos Isha tejió sólidos lazos de afecto entre la tribu de madres twitteras. Gracias a todas por hacer que la espera fuera amena y divertida.

Y, sobretodo, FELICIDADES ISHA!!!

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Gotitas de vida (II)

Aún no había visto con total certeza la luz. Sus ojos intentaban inútilmente enfocar su objetivo: una mujer de edad madura vestida de blanco que le cogía la cabeza con ternura. Escuchaba ruidos extraños y se sentía nerviosa en aquel ambiente desconocido. Tan pulcro… pero tan frío. Recordaba poco -muy poco- de su vida pasada. Vagos pasajes rondaban su recién estrenada mente y pudo remembrar aquel lugar tan cálido de donde provenía y las voces que tantas veces la tranquilizaron en los momentos de mayor soledad.

Ahora todo era distinto. No había calor, o al menos no había la cantidad suficiente para que dejara de sentir tanto frío. Sus intentos por llorar se veían intimidados por la curiosidad que sentía en aquel lugar extraño. ¿Acaso era ella la única que se sentía tan desconcertada? Giró la cabeza un poco para ver entre penumbras a su vecino que dormía plácidamente con una sonrisa en los labios. Intentó reincorporarse para separarse de aquel cuerpo ajeno que la abrumaba pero se dio cuenta de que era inútil. Entonces se percató de que había perdido la movilidad de la que gozaba en su anterior hogar.

– No puede ser – pensó mientras intentaba llevarse las manos a la cabeza.

Todo era en vano. Se sintió sola y abandonada. Deseó con todas sus fuerzas regresar a su lugar de origen  y miró fijamente el rostro de la mujer que tenía delante, para intentar saber quién era aquella desconocida que le hablaba en un lenguaje ininteligible. No pudo contener el llanto y berreó con todas sus fuerzas.

De repente sintió que se movía y escuchaba una voz lejana que le resultaba conocida. La mujer de blanco la depositó suavemente encima de un cuerpo cálido con un aroma muy familiar. Escaló como pudo las enormes montañas que tenía delante y encontró un oasis en medio de aquel placentero lugar en el que ya no sintió mas frío. No podía creer lo que estaba viendo. Abrió la pequeña boca y se aferró con toda sus fuerzas al inmenso paraíso que le ofrecía la vida misma dosificada en dulces gotitas.

Era el pezón de su madre.


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Dos años con Montse, la historia de un parto

Hoy hace apenas dos años que me convertí en madre. Montserrat nació  a las 2.20 de la madrugada de un lluvioso viernes de abril tras 18 intensas horas de trabajo de parto inducido.

Me enteré de mi embarazo después de más de un año de intentos y de una larga lista de resultados negativos. Me realicé la prueba casera un viernes por la mañana y al ver las dos rayas mágicas en ese intenso tono rosa me puse a llorar en el baño. Desperté a mi esposo con la cara bañada en llanto y él me abrazó emocionado preguntándome si estaba segura. Acordamos no decirle a nadie hasta relizarme una prueba profesional en un laboratorio, pero ese día mi padre lo estaba pasando un poco mal y decidimos arriesgarnos y endulzarle el día con la noticia. No puedo describir la cara que puso, los ojos se le iluminaron como una mañana de verano y una sonrisa perenne apareció en su rostro. «Hay que contarle a tu madre» gritó emocionado. Ni que decir que toda la familia se puso feliz ante la esperada noticia.

El mío fue un embarazo cortés. Sin náuseas, ni vómitos, ni calambres… ni siquiera antojos. Todo se complicó cuando tras realizarme el test de O`Sullivan detectaron que podría padecer diabetes gestacional. A partir de ahí las visitas al gine se hicieron  más frecuentes y me pusieron en la penosa lista de los embarazos de alto riesgo. Alto riesgo. Cuando escuché al ginecólogo decir esas temidas palabras sentí que la tierra se abría bajo mis pies. ¿Qué significaba eso? ¿Que la vida de Montserrat corría peligro? Me sometí a una larga lista de estrictos cuidados  y visitaba la consulta semana tras semana.

El médico me explicó que todo podría complicarse si la beba cogía mucho peso. Cuando aún faltaban algunas semanas para el esperado parto me hicieron una de las tantas ecografías y el médico dictaminó que debían ingresarme para monitorear a Montse. Fue terrible porque ni siquiera me dejaron ir a casa a por mis cosas. Después de la revisión me asignaron una habitación y me quedé allí al cuidado de las enfermeras. Ya me habían realizado todas las pruebas realizables, incluida la de la epidural, aunque mi exagrado temor a las agujas me había llevado a decidir que no me la pondría jamás. Tan solo de imaginar que me introducían esa finísima aguja en la espalda me ponía los pelos de punta.

Después de varios días «de vacaciones» en el área de alto riesgo, en cuyos pasillos conocí a mujeres muy interesantes en la misma situación que yo, me trasladaron al paritorio la mañana del jueves 10 de abril. Lo primero que hice fue llamar a mi madre para tranquilizarme escuchando su voz.  Ella y mi padre me daban ánimos pero sé que en el fondo estaban tan nerviosos como yo por el bienestar de su nieta.

Después de varias revisiones y tras conocer a la matrona que me atendería me crucificaron los brazos con las vías necesarias para afrontar las posibles urgencias. El aprendiz de padre estaba ahí como un valiente intentando animarme en todo momento pese a que en los ojos reflejaba el miedo ante lo que  pudiera pasar. Por la ventana de mi habitación veía la lluvia caer y a la gente apresurar el paso bajo los paraguas mientras que en silencio le pedía a Dios  que todo saliera bien.

«Lo más deseable es el comienzo espontáneo del parto aunque hay circunstancias de tipo médico u obstétrico que aconsejan la inducción» amenazó la matrona con su cara resplandeciente de veinteañera recién duchada. «En su caso tendremos que utilizar oxitocina y, probablemente, romper artificialmente la bolsa si el trabajo de parto no evoluciona como esperamos». La mujer continuaba explicando con los habituales tecnicismos mientras yo intentaba asimilar que mi parto no sería natural como lo había soñado. «… lo importante es evitar a toda costa el sufrimiento fetal por lo que tampoco descartamos una cesárea», me decía aquella lejana voz. ¿Sufimiento fetal? Después de escuchar aquello firmé sin pensar todo los papeles que pasaron por delante ante la mirada atónita de mi esposo.

Y así comenzó la primera de las 18 horas que precedieron la feliz llegada de mi amada hija. Mientras por las venas de un brazo me corrían los chorros de oxitocina por el otro entraba el suero y la insulina para evitar que me subieran los niveles de glucosa en la sangre.

Y como no podía ser de otra manera -ya me habían advertido que las contracciones falsas que provoca la oxitocina son mucho más dolorosas que las naturales- terminé pidiendo a gritos la epidural. Después de cuatro intentos pudieron colocar la aguja para suministrar la bendita anestesia que hizo que todo pareciera más fácil en el quirófano, donde una ginecóloga, dos enfermeras, una matrona y un pediatra me recibieron sonrientes tratando de tranquilizarme.

No sentía las piernas. Y el parto resultó complicado pese a que pujé  con todas mis fuerzas durante cada contracción. Tuvieron que ayudarse con espátulas y la cabeza de Monse sufrió las consecuencias. Finalmente nació y al ver sus ojos grises me hipnotizaron. Los tenía muy abiertos y miraba alrededor sin entender que sucedía. Fueron solo algunos segundos porque el pediatra se la llevó para hacerle el test de Apgar en el que sacó su primer sobresaliente.

Fue el radiante padre quien la puso en mis brazos por primera vez. Me pareció la niña más hermosa del mundo y en ese momento le prometí en voz alta que la amaría para siempre.  Hoy cumplió sus primeros dos años de vida y me siento sumamente dichosa de estar a su lado, donde espero permanecer por mucho, mucho tiempo.

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