Archive for febrero, 2011

La vida es un carnaval (II)

El año pasado, por estas fechas, se me ocurrió hacer una trivia para que los amigos del fb y seguidores del blog me ayudarán a escoger el disfraz de Montse. La mayoría se inclinó por el de Blancanieves y ella estaba feliz. Este año, con 34 meses cumplidos, la peque ya es toda una experta en la toma de decisiones, así que supuse que estaba lista para escoger su propio disfraz. Al principio dudo un poco, me dijo que quería vestirse de Woody (Toy Story) y me pareció una idea genial. Después cambio de opinión y pidió un disfraz de dinosaurio, así que se me ocurrió que podríamos hacerlo juntas. Luego decidió que el que más le gustaba era el de la Bella Durmiente y allá vamos, a la tienda, para buscar alguno que se le pareciera (porque mi nivel de manualidades no es suficiente para diseñar un vestido de princesa).

Mientras buscábamos entre los montones de disfraces intenté convencerla para que desistiera de vestirse de princesa, simplemente para variar. De repente sus ojos se posaron en un vestido rosa brillante y lo señaló diciendo: «Es este mami, mira, lo encontré, es este, este es el disfraz de princesa que quiero».

El aprendiz de padre y yo nos miramos aterrados e intentamos distraerla con un disfraz de payasito que teníamos en frente. Pero ella ni caso, tenía el faldón del vestido apretado entre las manos. Cuando vi el brillo de sus ojos me di cuenta de que el disfraz rosa-algodón de azúcar se iría con nosotros, sí o sí.

Me costó hacerme a la idea porque si bien el vestido es bonito, es el color lo que no me convence. Y es que el rosa me gusta, pero no en exceso. En fin, la peque está encantada y al final eso es lo que importa.

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La mamá quejica

Para que nos vamos a engañar, ser madre no siempre es fácil. Hay días malos, días buenos, días perfectos y días terribles. Muchas veces sientes que podrías perder la paciencia con suma facilidad, pero luego te das cuenta de que no vale la pena. Porque con los niños hay que ser muy tolerantes. Ellos no saben -ni entienden- si tu día laboral fue horrible, si estás con el síndrome pre menstrual o si te sientes tan cansada que dormirías dos días seguidos si pudieras permitírtelo. Esos pequeñajos solo saben una cosa: tú eres su madre. Para ellos eso es lo más importante, saber que estás ahí  para alimentarlos, para darles un abrazo, para cuidarlos. Para ellos lo demás, es lo de menos.

Algunas veces me he sorprendido gritando como loca: «¡Swiper no robes, Swiper no robes!» mientras veo con mi hija un episodio de Dora, la exploradora y pienso en las miles de cosas que tengo que hacer. Y quisiera escapar de Montse, de Dora, de Swiper y del estúpido mono con botas que ni siquiera me simpatiza, para ponerme a escribir, hacer la colada, leer un poco, darme un baño largo, salir a tomar un café, llamar a mis amigos, escuchar una canción, abrazar al aprendiz de padre, aprender a tocar la guitarra, asistir a un taller de poesía, comprar unos zapatos nuevos, ir al centro comercial a probar todos los perfumes, bailar a solas o estar diez minutos en silencio. Todos necesitamos algún tiempo a solas de vez en cuando. Y claro, no siempre podemos darnos ese lujo. O al menos no podemos hacerlo sin sacrificar un poco de tiempo con los hijos, que también resulta difícil sobre todo cuando pasas gran parte del día trabajando. Así te estés muriendo de sueño es difícil ignorar a niña que se te aparece con las medias de sombrero para pedirte que juegues con ella.

Para cualquier madre es complicado robarle 60 minutos al tiempo para poder disfrutar. La mayoría de las mamás tuiteras vamos dando tumbos por la vida con el peque colgando de una mano y el móvil en otra, porque es la única forma de poder conectarnos un rato, informarnos e intercambiar ideas (y quejas) con otras mamis. Pero el time out, el de verdad, ese en el que podrías olvidarte del mundo, realmente es escaso. Hay que buscarlo a horas intempestivas como los sábados por la madrugada. Al menos es lo que hago yo. Mientras Montse duerme intento leer o conversar con mis amigas vía chat. Me doy un respiro para repasar la agenda, planificar la semana siguiente y ver una peli junto a mi amorcito. Comos cuando éramos novios, cogidos de la mando sin que una pequeña intrusa se meta de por medio a robarme los achuchones.

Pero como les decía al principio de este post: hay días buenos, días malos. Días con suerte en los que las horas te rinden tanto que no te lo puedes creer y te sientes afortunada. Como en este justo momento en que puedo actualizar el blog con total calma porque mi hija ha decidido leer un cuento a solas. Y entonces pienso que tal vez me quejo demasiado, que siempre hay tiempo para todo si sabemos aprovechar los instantes. Y que finalmente lo más valioso es estar ahí para los hijos, porque la vida es breve y todo lo que hagamos por ellos y para ellos será parte de su historia personal, de sus recuerdos, de aquello que marcará su vida. No quiero que Montse recuerde a una madre ausente y quejumbrosa, simplemente quiero que sepa que yo también existo para mi, pero que eso no significa que no esté siempre para ella.

Mientras termino esta reflexión escucho a la peque cantando: «Con solo cuatro añitos, crezco muy despacito ♪♫♫». Y luego una vocecita emocionada que me grita: «Mamá veeeeeeeen, que ya empezó Caillou». Oh cielos, ¡que me lo pierdo!

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Boicot a Dodot por fomentar el maltrato infantil

Resulta sorprendente que una empresa que comercializa productos para bebés fomente en su web conceptos tan irritantes como el castigo físico.  Y más si se trata de una multinacional como Dodot que, durante años, se ha mantenido entre las marcas favoritas de las madres en cuanto al consumo de pañales.

Estoy totalmente en contra de cualquier tipo de maltrato infantil y por eso comprendo perfectamente que las #mamastuiteras y las #mamasblogueras con las que diariamente interactúo a través de Twitter y otras redes sociales, estén indignadas por un artículo titulado El castigo físico y publicado en dodot.es.

Firmado por la pediatra Suzzane Dixon el artículo -que al parecer ya fue retirado de la web- señala lo siguiente…

Pegar, una de las formas de aplicar castigo físico se define como:

– Castigo físico que no es perjudicial.

– Su objetivo físico es modificar el comportamiento.

– Se aplica con las palmas de las manos en los brazos, las piernas y las nalgas del niño.

No sé en que fundamente sus argumentos esta «especialista», pero yo como simple mortal que consulto la Rae encuentro que pegar se define -en una de sus acepciones- como «Castigar o maltratar a alguien con golpes». Y aunque no soy pediatra como Dixon, entiendo perfectamente que el maltrato SÍ ES PERJUDICIAL.

Dice la susodicha que el objetivo de pegar es modificar el comportamiento. Claro, igual que el de la tortura, no te jode. Creo que hay muchas otras formas de «modificar el comportamiento», si la madre así lo considera oportuno, y que no requiren de violencia ni malos tratos.

En otra parte del artículo la pediatra recomienda a los padres «no pegar ni a bebés ni a niños de dos años ya que el riesgo de causar heridas y de que el castigo se intensifique es mayor para este grupo de edad». Menos mal que nuestra eminencia invitada se dio cuenta de este pequeño detalle, que considerada.

En fin, no podemos tolerar que se fomenten actitudes violentas en contra de los más pequeños. Ellos también tienen derecho a ser felices, a sonreír y a crecer sin necesidad de golpes. Hay muchas otras formas de concienciar y de educar a los niños con amor, con afecto, con abrazos. Y lo peor es que somos las promotoras de actitudes tan saludables como la crianza con apego y la lactancia las que constantemente somos objeto de burlas y críticas, mientras que mujeres como Dixon tienen un lugar en las webs más populares para colgar su punto de vista sobre como (mal)tratar a los niños.

Anexo una captura de la primera parte del artículo para quien quiera echarle un vistazo y/o formar parte de esta protesta grupal en los blogs. Lo importante es no callar.

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